![]() |
|
![]() ![]() |
Al llegar a Italia se alegraron de poder disfrutar del buen tiempo y las altas temperaturas. Paseando por la ciudad de Parma, descubrieron a un pueblo cordial y alegre. En las calles pululaban los juglares y los trovadores, que entonaban sus odas debajo de las ventanas. La ciudad era una invitación permanente a la fiesta. Lo que más les sorprendió fue la facilidad de expresión, la forma de asociar el gesto y la palabra. También despertaron su curiosidad los productos locales de formas peculiares, entre otros ciertos quesos que les recordaban algunos embutidos auverneses como los salchichones. Al abandonar el país, Guillaume se sentía alentado por una fe más viva, contagiado por este pueblo generoso y acogedor, favorable a la cruzada. Este viaje ya no era una mera búsqueda de saberes, sino un enriquecimiento personal que se proponía explotar cuando volviera a Francia. Sin embargo, estaban sólo al principio de un largo trayecto plagado de obstáculos. |